martes, 23 de junio de 2009

Se disparan los suicidios en Japón

Los empleados más disciplinados del mundo se están resistiendo a inscribir su nombre en las listas del paro. La crisis económica ha incrementado los casos de suicidios en Japón, un país cuya tasa de personas que se quitan la vida es una de las mayores del mundo desarrollado (sólo superado por Rusia).

El profesor Yoshitomo Takahashi se ha visto forzado a trabajar de sol naciente a sol naciente con gráficas de desempleo y del índice Nikkei desde su despacho en el Comité para la Prevención de Suicidios del Gobierno japonés. Sobre la mesa del despacho de Takahashi un dossier detalla que entre los meses de marzo y mayo la Agencia Nacional de Policía retiró cada 15 minutos la soga al cadáver de un trabajador en las entrañas de un bosque nipón o cerró el gas aderezado de muerte de un apartamento en Osaka.



De los 32.249 japoneses que se inmolaron el pasado año, un 60% había perdido su empleo. El Gobierno del primer ministro Taro Aso anunció a finales de abril una partida de casi 100 millones de euros para desarrollar durante los próximos tres años una campaña sin precedentes en el mundo civilizado destinada a intentar disuadir a sus ciudadanos de quitarse la vida.

Mensajes con «la vida es importante» o «ayúdenos a reducir los suicidios» inundan el metro de Tokio acompañados de direcciones y números de teléfono con psiquiatras recetando barbitúricos como si fueran caramelos de té verde.

Las policías locales de las principales islas del país han diseñado una red de comunicación con voluntarios que se dedican a observar de forma desinteresada el comportamiento de sus vecinos. El haraquiri político de su ex ministro de Finanzas, Shoichi Nakagawa, tras aparecer borracho en su rueda de prensa tras la cumbre del G-8 del pasado mes de febrero, no colaboró en absoluto con la campaña. Tampoco el último mensaje televisado de su sucesor, Karou Yosano: «La previsión es que la situación económica siga siendo grave».

Las personas más proclives al suicidio son los hombres de mediana edad, aunque están aumentando los casos entre los jóvenes. Más de 30.000 japoneses se han suicidado cada año en los últimos once años. La Policía Nacional empezó en 2008 a difundir mensualmente las estadísticas de suicidios a fin de afrontar el problema.

La situación es complicada ya que el suicidio es visto como una opción honorable por la sociedad japonesa en general. Ese es el caso, sobre todo, de hombres que ya no son capaces de mantener a sus familias y han sido acusados de corrupción. Históricamente, también están los samurai (antiguos guerreros japoneses) y los kamikazes que eran pilotos suicidas durante la Segunda Guerra Mundial.

Estaciones de los metros de Tokio, Kioto y Osaka cuentan con acristalamientos que impiden a los viajeros acercarse a los andenes hasta que el convoy esté parado. Sin embargo, el calvario al que se somete a las familias de los suicidas, demandados por las compañías ferroviaria para indemnizar a sus clientes por los retrasos, hace que tan sólo en torno a un 4,5% se decante por esta opción.

Yasuyuki Shimizu, presidente de Livelink, empresa que ha hecho caja abortando inmolaciones, cree que el problema radica en que «los japoneses que pierden su empleo se sienten obligados a suicidarse».

La perturbación de los asalariados japoneses resulta irrisoria en un país tan acostumbrado al paro como España. Tan sólo el 5% de su población activa estaba sin trabajo el 31 de mayo, casi cuatro veces menos que España. La escasez de prestaciones sociales y la excesiva dependencia en la empresa privada, que muchas veces facilita la vivienda al trabajador, hace que sea insostenible para el Estado japonés mantener sus actuales 3,55 millones de desempleados. Su estructura financiera no fue programada para invertir en ciudadanos que no trabajen.

Drama social

Desgraciadamente también son frecuentes los suicidios de gente joven, la mayoría de los casos se quitan la vida por vacío existencial, acoso escolar o por problemas con sus amigos. En Japón también están los hikkikomori, o jóvenes que se recluyen en sus habitaciones porque no pueden seguir el ritmo acelerado y competitivo de la sociedad japonesa y se sienten incapaces de cumplir los roles sociales que se esperan de ellos, reaccionando con un aislamiento social. Los hikikomori a menudo rehúsan abandonar la casa de sus padres y puede que se encierren en una habitación durante meses o incluso años.


Fuente: news.bbc.co.uk, elmundo.es

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