domingo, 14 de junio de 2009

La vida contra el reloj

Cuando Europa duerme, España cena y ve la televisión. Mientras los europeos descansan a mediodía menos de una hora para comer, los españoles se recrean en la sobremesa desde las dos hasta las cuatro, o cuatro y media, con el primer plato, el segundo, el postre, el café y la copa. Cuando más allá de los Pirineos los trabajadores concluyen su jornada laboral y regresan a casa en torno a las 17 o las 18 horas, muchos españoles terminan la comida de trabajo y vuelven a la oficina. El horario vital español, retrasado desde la posguerra, está marcado por una jornada laboral a menudo partida, con largo paréntesis a mediodía y con frecuencia más larga de lo acordado (la prolonga el 44,7% de los trabajadores, según el CIS). Una jornada que dificulta tener vida personal o familiar más allá de la laboral. El Parlamento estudia ya el problema, que además del estrés y la angustia, acarrea consecuencias como la desestructuración familiar y el fracaso escolar.



Campaña para acabar a las seis

Oficinas con la luz encendida a las nueve de la noche, abuelos y niñeras en la puerta del colegio con los críos de la mano, sobremesas hasta las cinco de la tarde. El horario español, marcado por jornadas de trabajo a menudo largas y discontinuas, provoca una cosecha de ojeras, agotamiento, falta de tiempo propio y un dilema frecuente: ¿se trabaja para vivir, o se vive para trabajar?

Para algunos especialistas, la receta pasa por adoptar el ritmo vital europeo (comer antes y en menos tiempo y acostarse más pronto), pero hay quien defiende la excepción cultural del irse a la cama tarde, alentada por el clima y la sociabilidad. Pero unos y otros tienen en el punto de mira la jornada laboral, determinante de los ritmos vitales, y la falta de armonía, por ejemplo, entre horarios laborales y escolares. La cuestión se considera mucho más relevante en las empresas privadas (de los 19,1 millones de ocupados, 2,4 millones son funcionarios, en general con mejor horario) y en las ciudades, donde hay que dedicar mucho tiempo al transporte.

"El problema de los horarios españoles son las jornadas eternas. No comemos a las doce, como en Europa, sino a las tres, y hacemos una pausa muy larga. Acabamos de trabajar entre las ocho y las nueve de la noche", plantea Nuria Chinchilla, de la escuela de negocios IESE (vinculada a la Universidad de Navarra). "Debe cambiar la cultura empresarial. Si no, la gente está agotada y no se compromete con el trabajo, se limita a sobrevivir", añade. "O mejoramos los horarios y conciliamos, o vamos al suicidio, como demuestra la baja natalidad". Incorporadas masivamente al mercado laboral, las trabajadoras llevan el peso doméstico. Y ello, con unos horarios
"incompatibles con el nuevo modelo familiar de padre y madre trabajadores", según la catedrática Constanza Tobío, de la Universidad Carlos III.

Consuelo León, investigadora del Centro Internacional Trabajo y Familia del IESE, asegura que "España es el país con el horario laboral más extenso y más desordenado de toda la Unión Europea. Da igual lo que digan los convenios colectivos, porque las horas estipuladas no se cumplen. En la mentalidad española, las largas jornadas
están asociaciadas a más productividad". La investigadora también cree que "el principal problema es, sin duda, la pausa del medio día, que en España es demasiado prolongada y a una hora demasiado tardía. En un país tan turístico como Francia, la hora de la comida es la misma que en el resto de Europa, en torno a las doce y media de la mañana. La administración podría tomar medidas en algo tan elemental como es cambiar el horario de la restauración, que podría comenzar a servir las comidas a las doce y terminar a las tres. El horario de los telediarios también marca mucho la hora de las comidas en España. Sería necesario adelantarlos a la hora continental.
Comiendo a las 3-4 de la tarde lo único que se consigue es alargar irracionalmente las jornadas".

Ignacio Buqueras, presidente de la Comisión Nacional de Horarios afirma que "necesitamos una revolución en materia de horarios de trabajo. De la misma forma que aceptamos el euro deberíamos volver a tener los mismos horarios que la mayoría de los países de Europa. Hasta los años 30 nuestros horarios eran similares a los de
Europa. Tras la guerra, la mayoría de la gente era pluriempleada, lo que partió la jornada laboral, creando el horario partido y, con ello, el hábito de comer tarde y eso hizo que las jornadas de trabajo empezaran a prolongarse indefinidamente. La rutina ha hecho el resto hasta el punto de que a algunas personas les parece normal trabajar hasta tan tarde y no se dan cuenta de que es absurdo hasta que no reflexionan sobre ello" "Se necesitan horarios flexibles para que los trabajadores entren entre las siete y las ocho y media de la mañana y salgan entre las cinco y las seis de la tarde, para lo que se debe reducir la pausa de mediodía a una hora como máximo", explica el presidente de la comisión, Ignacio Buqueras.

Para Buqueras es necesario un cambio en la cultura empresarial que lleve hacia una "política de luces apagadas en las oficinas a partir de las seis de la tarde". "El sector empresarial cree que queremos reducir la jornada, pero no se trata de eso, sino de racionalizarla", añade. "Con ello mejoraría la productividad, que no está ligada al número de horas de trabajo, sino a la satisfacción en el trabajo y a que sea armónico con todo lo demás".

Fuente: expansionyempleo.com

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