lunes, 15 de junio de 2009

Comunicación no verbal

El cuerpo, según los expertos en comunicación no verbal, habla un lenguaje más sincero que los labios. Psicólogos, sociólogos y antropólogos coinciden: es inútil ocultar nuestras intenciones. Con las miradas, posturas y gestos decimos más de nosotros mismos que con un discurso.

Casi 70 millones de estadounidenses pensaban que aquel histórico debate televisado no podía ir peor para el vicepresidente Richard Nixon. Sin maquillar, torpe, con el rastro de una horrible barba de dos días, lento de reflejos... Frente a él, el joven senador Kennedy parecía sentirse seguro de sí mismo, ágil en sus respuestas, agresivo, cien por cien presidencial. Los espectadores pudieron observar atónitos cómo en los planos de transición, Nixon sudaba copiosamente y se enjuagaba la frente. Sin duda, los asesores de Kennedy habían presionado para subir la calefacción en el plató y aprovecharse de la ansiedad transpiratoria de su rival. Los radioyentes, sin embargo, pensaban de forma muy distinta. Para ellos, el vicepresidente contestaba a las preguntas con más aplomo que el candidato demócrata y había hecho valer su mayor experiencia política. Lo que marcaba la diferencia de criterio era, por supuesto, el lenguaje corporal de ambos.

La importancia del componente no verbal es, según la mayoría de los investigadores de la comunicación, incuestionable. De hecho, en un estudio del antropólogo Albert Mehrabian se indica que las palabras sólo influyen un 7% en el impacto total de un mensaje, mientras que los matices, sonidos y el tono de la voz supone el 38% y las posturas y ademanes, el 55%. De ello se infiere que el canal verbal se usa básicamente para transmitir información y datos, mientras que el no verbal se utiliza para expresar sentimientos y actitudes personales. ¿Pero cómo aprendemos a leer el mensaje que emite el cuerpo del otro? ¿De dónde vienen todas estas señales que invariablemente transmitimos cada día? ¿Son innatas o las aprendemos? Y, sobre todo, ¿son universales o cada cultura dispone de un conjunto exclusivo? En realidad, las hay de todos los tipos. La sonrisa, por ejemplo, es un gesto innato. Hasta los niños sordos y ciegos, sin posibilidad de aprenderla, sonríen instintivamente.

Pese a que las diferentes interpretaciones de ademanes puntuales pueden llevar a situaciones difíciles, lo cierto es que, en general, el lenguaje corporal da pistas muy valiosas sobre las intenciones de nuestro interlocutor. Los especialistas en el estudio de la comunicación no verbal inciden especialmente en este punto: no es posible fingir el lenguaje del cuerpo. Podemos mentir de palabra, pero siempre habrá algo en nuestra postura que nos delatará. De hecho, cuando se intenta, se produce una incongruencia entre los gestos, el lenguaje articulado y una miríada de
microseñales que no podemos evitar transmitir cuando hablamos, como una contracción de las pupilas, un temblor en la comisura de los labios o levantar una ceja. En algunas profesiones, sin embargo, se aprende a someter la expresividad para conseguir dar una sensación concreta. Es lo que ocurre, por ejemplo, en los concursos de belleza, en las partidas de ajedrez donde los jugadores controlan sus gestos para no dar pistas al contrario o en el discurso político, en el que es posible comprobar cómo los oradores se ven a menudo traicionados por sus ademanes. Aun así, una confianza ciega en lo no verbal puede llevarnos a interpretar incorrectamente las intenciones o sentimientos de una persona. Precisamente, uno de los principales errores cuando se estudia la expresividad de los demás es analizar sus gestos de forma aislada, independientemente unos de otros y de las circunstancias que rodean a quien observamos. Rascarse la cabeza, por ejemplo, puede denotar tanto inseguridad como una mentira oculta, pero puede significar, sencillamente, que se siente picor.

El lenguaje corporal es una parte más de la comunicación interpersonal que no debe entenderse aisladamente del oral. Los gestos han de interpretarse en su conjunto y no aisladamente. Así, por ejemplo, las personas que usan ropa que les es muy estrecha no pueden realizar cómodamente algunos movimientos, por lo que hay que tener en cuenta esa restricción física a la hora de interpretar su conducta.

La postura que adopta una persona es, sin embargo, especialmente reveladora y su significado muy fácil de percibir. Así lo creen algunos psicólogos y expertos en cinesis, como el doctor Albert Scheflen, que descubrió en sus investigaciones que los individuos frecuentemente imitan las actitudes corporales de los demás. Este científico denominó posturas congruentes a las que presentan, por ejemplo, dos conocidos cuando mantienen una conversación en la que revelan puntos de vista parecidos. Según Scheflen, al compartir opiniones y gustos, se comparten también las posturas, por lo que, por ejemplo, para estimular las reacciones positivas de sus pacientes, algunos terapeutas adoptan las mismas. Por el contrario, las posturas incongruentes denotan un distanciamiento psicológico. Cuando dos personas deben sentarse a la fuerza una junto a la otra, a menudo se sitúan inconscientemente de una forma tal que construyen una barrera impenetrable entre ellas con sus brazos y piernas.

A la hora de detectar esta sinfonía de movimientos, las mujeres son más perceptivas que los hombres. Para Allan Pease, uno de los mayores expertos en comunicación humana, en eso consiste, precisamente, la intuición femenina. No es más que una especial habilidad para percibir y descifrar pequeños detalles. Pero no hay que desesperar. Todo el mundo puede entrenarse fácilmente en el análisis de los gestos de los demás. Basta con apagar la televisión y prestar atención a las posturas y movimientos de los personajes que aparecen en pantalla.

La imagen es el 75% de la comunicación

En nuestras relaciones diarias, nuestras credibilidad depende de nuestra imagen y muy poco de aquello que decimos. La imagen es un tema muy importante, y esa es la razón por la que políticos, artistas y demás personajes públicos, tienen asesores de imagen.

El poder de la imagen esta en que es algo que nuestra propia mente interpreta, nadie nos lo tiene que decir, son conclusiones que sacamos a partir de lo que vemos de alguien. Creemos más en aquello que nosotros concluimos por nosotros mismos, que en aquello que otra diga, por más veraz que intente parecer.

Todo habla de nosotros, la forma en que hablamos, vestimos, andamos, nos sentamos, dormimos, con quien nos relacionamos, etc. Todo eso habla de nuestra forma de ser, y todo eso llega en forma de impresiones a nuestra mente, el cual a nivel subconsciente, saca sus conclusiones. Esa es la razón por la que con solo ver a alguien decimos si es de confianza o no, si es persona manipulable o no, si me gusta o no. Todo esto es inconsciente, y también inconscientemente se empiezan a tomar decisiones con base a esas imágenes o a esas conclusiones. La forma en que nos tratan y la forma en que tratamos, todo eso es a partir de dichas imágenes. Así alguien puede decir que no merece el trato que recibe, pero en realidad si se lo merece, y también alguien puede decir que no entiende porque alguien le cae mal, pero el subconsciente si lo sabe.

Muchas veces lo que decimos no importa tanto como la forma en que lo decimos. Una persona puede decir que tiene mucho dinero, que es dueño de una importante compañía, y aun así no le creeríamos por más que lo asegurara. El tono inseguro, la contradicción en lo que dice, el nerviosismo que muestra en sus manos, todo eso nuestra mente lo interpreta como falso. Otro caso es que alguien puede ser un mentiroso, pero cuenta con apoyo y se sabe expresar, entonces es muy creíble. Esa es la razón por la que tantos políticos carentes de talento puede subir al poder, debido a una impecable campaña hecha con mucho dinero, a un discurso convincente lleno de promesas, que le dice a nuestra mente, este tipo es importante, este tipo habla como alguien que esta vez si va a solucionar el país, quizás pueda hacer muchas cosas.

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